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Victoria y el olvido

Gemma Pecharroman

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Victoria no pudo dormir esa noche, una noche de miedo, ansiedad, temor y llanto en absoluta soledad. Estaba agotada cuando las primeras luces del amanecer se filtraron por las rejas de su celda y pudo atisbar el cielo para ella sin color, metálico y frío.

Nunca tuvo miedo a que la capturaran, era valiente y tenía ideales que le movían sin ningún tipo de temor. Haber sido admitida en el movimiento revolucionario ANTISISTEMA, y por ende haber pasado a la clandestinidad supuso ver cumplido su único sueño, vivía por y para ello.

Era muy joven, realmente acababa de terminar la formación para trabajar en el SISTEMA, formación que ella solo quería para luchar contra el mismo. Era irónico, las credenciales que recibió recogían que era abogada, un término que el SISTEMA mantuvo pero que ya había perdido su contenido mucho antes, como muchos otros términos, igualmente vacíos de lo que en el pasado eran.

Se levantó del camastro, trató de recomponerse, se dio ánimos a sí misma, dio unos pasos por la estrecha estancia y oyó al fondo que algo se acercaba por el pasillo. Se abrió la puerta y un robot carcelero le entregó la bandeja del desayuno y una pantalla de not. det. (notificación al detenido) que recogía su estado legal y el programa de su detención con horas y actos a celebrar. El SISTEMA le asignó automáticamente un abogado para su defensa que le esperaba en 10 minutos en la sala de entrevistas. Puso su huella dactilar sobre la pantalla dándose así por notificada. El robot se fue dejándole la pantalla not. det. donde estaría a partir de ese momento todo el expediente judicial y actuaciones y sería su único cauce de comunicación con el SISTEMA y con el mundo exterior, cuando así se lo permitiese el reiterado SISTEMA. Desayunó y se aseó lo que pudo.

Antes de todo esto el SISTEMA no tenía ese nombre, antes de convertirse en un instrumento totalitario de control jurídico y legal de la sociedad fue algo novedoso y con una única finalidad de ayudar en la administración de justicia aún impartida por seres humanos, antes de someter a los órganos judiciales y a todos aquellos que interactuaban con ellos era simplemente una herramienta jurídica, tuvo un nombre, inofensivo… LEXNET. Se tardó en implantar correctamente y tuvo muchos fallos al principio, con escasa acogida por los letrados, pero los gobiernos sucesivos, sorprendentemente en aquella época de feroz crisis económica, dotaron generosos presupuestos para lograr su mayor eficiencia, y los abogados y órganos judiciales finalmente lo hicieron parte de su vida.

Por aquel entonces, a pesar de que aquella sociedad comenzó a aceptar todo tipo de atropellos y abusos de los gobernantes con pasividad, todavía quedaba un resto de ciudadanos concienciados, hijos y nietos de la transición y del 15-M que comenzaron a oponerse, primero en libertad, luego en la clandestinidad. La espoleta fue la aprobación de la Ley Mordaza.

Luego vino la desaparición de los procuradores y su sustitución por un software que suplantaba virtualmente sus funciones. Ahí debieron plantarse… ahí debieron darse cuenta, pero el procurador era una figura por muchos ignorantes entendida como antigua, desfasada, innecesaria en un mundo tan seguro tecnológicamente y como con casi todas las cosas injustas que ocurrían en aquel tiempo pasado, se aceptó sin ningún tipo de protesta.

En 10 minutos exactos desde la notificación un Agente Ayuda al Detenido, humano esta vez, abrió la puerta y con una gran sonrisa le llamó por su nombre y le invitó a que le acompañara. Le llevó a la sala de entrevistas con su abogado. Se sentó en frente de él, era mayor que ella, gesto inexpresivo, no le miró a la cara. En su pantalla not. det. le apareció el formulario de oposición a la detención que había generado el SISTEMA a petición de su abogado, estampó la huella en la pantalla y lo aceptó. Su acusación era grave, realizar actos contra el SISTEMA estaba severamente tipificado, por lo que su situación quedaba a la espera de juicio señalado para dentro de 10 días, en prisión preventiva.

Después de lo de los procuradores, LEXNET se desarrolló exponencialmente, se le fue dotando de más funciones, cada vez más relevantes, el punto de inflexión fue cuando impuso la presentación de sus propios escritos (de cualquier tipo, demandas, querellas, recursos, etc.), que ya no eran creación de los letrados, se ceñían a formularios preconcebidos y aprobados por los organismos y asociaciones que integraban, en aquel tiempo, a los profesionales del mundo de la justicia, pero vieron que para que fuera legal era necesario reformar el Código Penal, Ley de Enjuiciamiento Criminal, Código Civil, Legislación Laboral… habría que adecuarlo a los formularios, formularios unidireccionales, con una única interpretación, que facilitaba muchísimo la labor de la administración de justicia, decían los políticos de aquel entonces. Los jueces y magistrados eran molestos, aplicaban la ley de diferentes maneras que dificultaba clasificarlas en el programa y provocaban que el sistema se colgara, por lo que los gobernantes encargaron un supersofware que en poco tiempo pasó a interpretar y juzgar. Todos estaban contentos, el lastre de la administración de justicia decimonónica había sido superado, sin necesidad de dotar de más medios personales, sino con una herramienta informática… parecía brillante. Los abogados se vieron reducidos a técnicos con conocimientos del manejo de la herramienta informática, pero jamás volvieron a ser intérpretes de la ley, se les dejó de enseñar en las universidades.

Era evidente que un sistema legal así privó progresivamente de la libertad, espontaneidad y felicidad propia del ser humano, y aquellos que protestaron libremente en sus inicios se convirtieron, ya como escondidos, camuflados, en los ANTISISTEMA, con la finalidad de acabar con el primigenio LEXNET, devolver la ley y la justicia a los ciudadanos y atesorar todo el conocimiento jurídico humano hasta que se prescindió de él. Eran, para el código penal, los mayores delincuentes con las mayores penas, las peores, las del olvido.

El día señalado tuvo su vista, junto con su abogado, su pantalla not. det. y frente al juzgador, un señor con toga, que repetía lo que le señalaba su pantalla just. juz (justo juzgador), y que tras la fase de prueba emitió la sentencia que aparecía en su pantalla generada por el SISTEMA, condenó a la pena de OLVIDO, sin posibilidad de recursos ya que la justicia, al no ser impartida por personas, era imparcial y sin fallos. Fue llevada al hospital de la Justicia y se ejecutó la condena, la desconexión de ambos lóbulos cerebrales… ya estaba reinsertada, ya podía vivir con el resto de ciudadanos una vida de consumo y entretenimiento sin protestas, sin revoluciones, sin lucha, pero segundos antes de dejar de ser ella, se impuso a sí misma un último sentimiento de alegría por haber sido libre el tiempo que fue Victoria.

I CONCURSO NUEVOS JURISTAS SOBRE “LOS RETOS DEL SECTOR LEGAL EN ESPAÑA”

nuevosjuristas.com

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