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Rutina de opositor, lección de vida

Virginia López Santamaría

Vallecana, amante de la música británica, de la buena comida y de la buena compañía. Doble licenciada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Madrid, opositora a judicatura, abogada procesalista ejerciente y entusiasta del Derecho en todas sus formas.

"I have a great imagination, but sometimes I need to make things happen for real"

Ally McBeal

Allá por 2004 una jovencita vallecana inocente y con ganas de cambiar el mundo en la medida de sus posibilidades, inicia sus estudios de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid. En el pleno convencimiento de que era capaz de ofrecer al mundo tanto como el mundo le ofrecía, nuestra protagonista no cejó nunca en su empeño de convertir en real todas las metas que se le planteaban y así pasaron volando 5 maravillosos años de doble licenciatura, en los que se supone que hay tiempo suficiente para decidir a que orientar todo lo aprendido en el bachillerato jurídico que es la licenciatura de Derecho, ahora grado, pero que realmente se quedan cortos ante todas las posibilidades que brinda el mundo del Derecho, sobre todo si lo aderezas con un poquito de Ciencia Política.

Después de tan novelesco prólogo, creo que es el momento de abandonar la petulancia de la tercera persona para tratar de exponer brevemente y de la manera menos caótica posible todas las vías que en un momento o en otro me planteé tomar antes, durante y después de la carrera. Pido disculpas de antemano por lo caótico de mi relato, trataré de “positivarlo” al máximo tal y como me recomienda en todo momento mi preparador de oposiciones a Judicatura, en su intento de que abandone mi pasión por la literatura y la épica, para centrarme en ir a asegurar una plaza utilizando únicamente Derecho Positivo.

Mantén los ojos y la mente abierta, siempre hay tiempo para cerrarlos

Dado lo multidisciplinar de los estudios en Derecho, es importante que juristas en acto y en potencia, mantengamos siempre los ojos abiertos y nos empapemos de la realidad que nos rodea. Esta capacidad de adaptación es tremendamente importante en nuestra profesión, por eso es interesante que la desarrolléis desde la universidad.

En mi caso, me lo tomé al pie de la letra y decidí no saltar ni uno solo de los charcos en los que me podía meter durante mis estudios. De esta forma, me encontré siendo secretaria primero y presidenta después de una Asociación de Estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. Puesto que cursé la doble licenciatura de Derecho y Ciencias Políticas, no os debería extrañar que me llamara la atención participar en procesos electorales y conocer de primera mano el funcionamiento de los organismos de la facultad en los que existe representación estudiantil.

A día de hoy me doy cuenta de lo positiva que fue esta experiencia para mi vida profesional. Gané en habilidades de discurso, de gestión de grupos, capacidad de liderazgo, etc. Participar en un proceso electoral universitario es muy interesante, se lo recomiendo a cualquiera. Para el que le interese el Derecho Electoral y las diversas formas de participación del ciudadano en la democracia, os ofrece una gran perspectiva de mecanismos diferentes de participación en la elección de los representantes y la democracia a través del mundo asociativo.

Así pues, junto a mis compañeros de Asociación, llegamos a ganar unos comicios electorales universitarios por mayoría absoluta, lo que me permitió desempeñar las funciones de representante de estudiantes en Junta de Facultad. Por supuesto, continué con la máxima de mantener los ojos abiertos a todo lo que acontecía a mi alrededor, lo que me permitió tener un conocimiento muy cercano de la toma de decisiones en el ámbito de la Facultad, transmitir los problemas y las propuestas de los estudiantes. Por fin estaba, si se me permite la expresión “en el ajo”. Colaborando, participando y absorbiendo cual esponja todo lo que sucedía a mi alrededor.

Fue en este momento cuando me planteé seriamente la posibilidad de orientar mi carrera al mundo de las instituciones y de la política en general, pero sin dejar de tener los ojos abiertos a otras posibilidades que mientras tanto se presentaban ante mí.

No tengas miedo a destacar, ni a fracasar

Mi experiencia en el mundo asociativo universitario me dotó de muchas habilidades y casi la que más valoro es la de la pérdida del miedo a hablar en público, a hacer el ridículo. Estas habilidades van unidas a otras, pero sobre todo al refuerzo de la confianza en uno mismo. Evidentemente, no vais a ser juristas de reconocido prestigio, ni catedráticos nada más terminar la carrera, pero todos y cada uno de nosotros tenemos la capacidad de aportar cosas nuevas al mundo del Derecho, nuevas perspectivas y nuevos matices que contribuyen a enriquecer a la sociedad. Recordemos que para el progreso de las Ciencias Jurídicas, es indispensable la aportación de todos como en toda Ciencia Social. Por ello liaros la manta a la cabeza y no dudéis en hablar en público, negociar y debatir con quien sea.

Esta introducción me lleva a la siguiente de las posibilidades que me planteé en mi camino universitario. En mi tercer año de carrera, me encontraba inmersa en el mundo asociativo y totalmente entregada al mundo de las Ciencias Políticas, más que al del Derecho. La casualidad o el alineamiento de Venus con la Tierra, hizo que en el seno de una de las asignaturas que cursaba en ese momento, Teorías de la Democracia, tuviéramos que hacer un trabajo de campo que consistía en la realización de entrevistas a una asociación universitaria de cualquier facultad y a algún miembro de Junta de Facultad o de Rectorado. En mi caso, a mi compañero y a mi nos tocó entrevistar a una Asociación de la Facultad de Biológicas y al Vicerrector de Estudiantes, como veis nos tocó el gordo.

Una vez que empleamos nuestras habilidades adquiridas para la confección de encuestas, si hay algún politólogo entre los lectores, me comprenderá cuando digo que la elaboración de cuestionarios para encuestas, es un arte, teníamos que escribir un ensayo en el que teníamos que exponer nuestras conclusiones y además, orientarlas a las posibilidades de nuevas formas de participación ciudadana desde una perspectiva democrática.

Hasta este momento todo es normal, no deja de ser una actividad curricular para conseguir buena nota en una asignatura, pero a partir de aquí, lo siguiente que voy a relatar es de los sucesos más extraordinarios académicamente hablando que me han ocurrido.

Si me excedo en el detalle al narrar esta anécdota es porque me acuerdo como si fuera ayer.

Como ya he mencionado anteriormente, estaba cursando tercero de carrera y ese es el año destinado a la realización del viaje de ecuador de carrera. Mis compañeros de la Doble Licenciatura de Derecho y Ciencias Políticas y yo decidimos viajar a Túnez por lo exótico y sobre todo por lo barato del todo incluido. Partimos hacia el norte de África después de terminar los exámenes del primer cuatrimestre y volvimos justo cuando ya empezaban las clases del segundo. Volvimos a España un domingo y, como os podéis imaginar, muchos decidimos quedarnos el lunes en casa descansando para retomar con fuerza el ritmo de clase el martes. Me encontraba descansando plácidamente el lunes a eso de las 11 de la mañana, cuando recibo una llamada de un compañero de clase que me sirve a modo de despertador. Cuando contesto le noto raro, me pregunta que qué tal me encuentro, que si ya estoy mejor de la garganta, yo no entiendo nada, estaba perfectamente, lo único que quería era dormir.

No tardé mucho en entender ese lenguaje en clave, cuando mi amigo me dijo que tenía al lado a la profesora de Teorías de la Democracia que le había pedido que me llamara por teléfono porque tenía algo que preguntarme. En ese momento me levanté de la cama como si estuviera durmiendo sobre brasas para hablar con la citada profesora, quien lo que tenía que decirme era que le había gustado mucho mi ensayo y que iba a organizar unas jornadas de participación democrática en la Facultad dirigidas al análisis de las nuevas formas de participación democrática. En dos días, tenía que prepararme una exposición en una conferencia acerca de las conclusiones a las que había llegado con mi ensayo. En ese momento el miedo se apoderó de mi, nunca había hablado en público en un entorno académico, nunca delante de gente que evidentemente, sabía mucho más que yo y estaba recién levantada. Es en este momento en el que recordé que me había prometido a mi misma que no me iba a saltar ningún charco y que no podía tener miedo al fracaso, pero tampoco al éxito, así que dije que sí.

La conferencia fue un éxito y descubrí, una rareza que tenemos muchos abogados y es que, nos gusta hablar en público. Me sentí comodísima exponiendo mis ideas, la gente me escuchaba, me preguntaba y yo sabía contestar, permitiéndome incluso el lujo de soltar alguna broma relacionada con el tema. Por supuesto que el club de fans de clase que me llevé ayudó, siempre es agradable ver caras conocidas que te sonríen entre el público para soltarte. En cualquier caso, fue una de las experiencias más notables en mi vida académica porque me quitó la timidez, lo que te abre infinidad de puertas.

A raíz del éxito de mi exposición en la conferencia, (no me echo flores, es que estoy hablando de perder el miedo a destacar y el primer paso para ello, es reconocer que se destaca en algo.) la profesora de Teorías de la Democracia me comentó que si estaba interesada en doctorarme en algo, me recomendaba encarecidamente que fuera en Teorías de la Democracia, con una tesis orientada al estudio de nuevas formas de participación democrática distintas del voto, es decir, mi ensayo podía servirme de introducción. En ese momento, empecé a pensar en otra puerta que se abría, la vida académica.

Siempre me ha gustado la universidad por lo que esa opción no me desagradaba lo más mínimo, más aún, cuando una profesora ya se ofrecía expresamente a dirigirme la tesis. Podía incluso empezar ya a preparármela, antes de terminar la carrera.

Estaba casi decidida y pensé que lo ideal era dejar terminar el tercer año de carrera, para en cuarto empezar a meter la cabeza en el Departamento de Ciencia Política. Sin embargo, algo sucedió en cuarto por primera vez y es que, me empezó a gustar más el Derecho que la Ciencia Política, no sé si porque ya habíamos dejado de lado las eternas asignaturas introductorias de todo o porque las asignaturas de ciencia política no me agradaban tanto como las de los primeros años, el caso es que las asignaturas de Derecho empezaron a llamarme más la atención, gran parte de culpa la tienen las asignaturas de Procesal Civil y Procesal Penal, no porque fueran especialmente extensas y ni porque fueran impartidas de manera excelente, sino porque me acercaban a la gran pasión de mi vida profesional, los juicios.

Sé práctico, pero no olvides tu vocación

Al acercarse el final de la carrera, sientes una amplia amalgama de emociones: arrepentimiento por lo que no has hecho (en mi caso, no me fui de erasmus y es una espinita que tendré clavada siempre), nostalgia por los momentos pasados, orgullo porque fuiste capaz de hacerlo y sobre todo, incertidumbre por el futuro.

Todos los años, la Universidad Autónoma de Madrid organizaba un Foro de Empleo en las facultades en el que múltiples empresas y organismos públicos ponían a disposición de los alumnos información, bolígrafos y folios.

Durante los primeros años, el mayor afán era el de hacer acopio de bolígrafos y folios de manera gratuita, así como de bolsas o alfombrillas para el ratón, por supuesto las carpetas eran bien recibidas, en época de estudiante todo material de papelería adquirido de manera gratuita es un regalo del cielo.

En mi quinto año de carrera, decidí cambiar la misión anual de pasar varias veces por los puestos para coger bolígrafos y folios, por pedir información y dejar el curriculum e incluso, fotocopia del expediente académico hasta la fecha, si puedes venderte que sea bien.

Me paseé por todos los puestos, de despachos importantes, de consultoras, organismos públicos. Tuve un flechazo con Abogacía del Estado, pero fue un amor pasajero, no tardé en cambiar de pareja, pero eso lo contaré más adelante.

El Foro de Empleo ya había pasado y unos dos meses después, recibí una llamada de una gran consultora con sede en la Torre Picasso de Madrid. En esta llamada me invitaban a participar en el proceso de selección que estaban a punto de iniciar. Con 23 años recién cumplidos y sin haber terminado todavía la carrera, recibes una llamada así y crees que en un futuro habrá escuelas de juristas con tu nombre. Por supuesto acudí a la primera fase del proceso de selección que consistía en un examen psicotécnico, con bastantes preguntas de diversas materias que a mi me recordaban bastante a selectividad por su contenido.

Para mi sorpresa, recibí otra llamada, esta vez del departamento de Recursos Humanos en la que se congratulaban de informarme de que había obtenido la mayor calificación en el test psicotécnico. Ahora ya no solo pensaba que me iban a poner mi nombre a una escuela de Derecho, sino que pensaba que mi cara iba a salir en los billetes de 5 euros por lo menos. Emocionada, acudí a la segunda fase del proceso de selección.

La segunda fase del proceso de selección, consistía en una entrevista de grupo. Reunían a 5 o 6 candidatos en una sala, donde nos preguntaban que habíamos estudiado, experiencia laboral, estudios en el extranjero, etc. En esta ocasión yo era la más joven, la única que aún no había terminado la carrera, lo que era una ventaja pero a la vez un inconveniente. Me encontraba en la misma sala que gente que había estado opositando varios años por lo que tenía un conocimiento teórico del Derecho espectacular, gente que había estudiado y trabajado en importantes firmas del extranjero, etc. Así que en la segunda fase de esta entrevista de grupo tenía que destacar de alguna manera.

Después de poner a las entrevistadoras en antecedentes, llegamos a la segunda fase de la entrevista grupal. Nos planteaban un caso práctico y teníamos que ofrecer soluciones al mismo.

En este momento yo ya me daba por derrotada, eran cuestiones empresariales que a mi y ya llega el momento confesiones, nunca me han interesado, ni gustado, ni atraído en absoluto. Como pensaba que no me iban a volver a llamar, decidí por lo menos dejar huella, así que hice una de las cosas que más me gustan, discutir. Puesto que mi postura era la única diferente de todas allí expresadas y porque mi perfil no coincidía con ninguno de los que allí se encontraban sentados. Me di por descartada.

De nuevo la sorpresa llamó a mi teléfono para comunicarme que había superado la segunda fase del proceso de selección. Fue en este momento cuando tuve la primera crisis vocacional. Yo nunca había querido trabajar para una consultora, nunca había querido trabajar ligada al ámbito empresarial, yo quería ir a juicio. Pero mostraban tanto interés en mi que decidí dejarme querer. Así que fui a la tercera fase, la entrevista personal.

En la entrevista personal, una psicóloga y una persona de recursos humanos que creo que verifican si padeces algún problema mental o si eres un peligro público, te hacen una serie de preguntas personales del estilo de si tienes muchos amigos, que opinión crees que tiene la gente de ti, etc y después de ello te informan de los departamentos en los que les interesaría que trabajaras. El problema surgió precisamente cuando me revelaron a qué departamentos estaba orientado mi perfil. Uno de ellos era Consultoría de Administraciones Públicas que no me disgustaba y otro era el área de Asesoría Fiscal, que en mi cabeza se asemejaba a clavarme millones de alfileres incandescente por debajo de las uñas.

Ese fue el primer momento en el que antepuse mi vocación a un futuro profesional garantizado, me fui a casa a pensar, a consultarlo con mi padre y finalmente rechacé trabajar para la gran consultora.

Imaginaos trabajando en diferentes sitios y elegid en el que os veáis más felices, competentes y comprometidos. Difícilmente podéis hacer bien vuestro trabajo, si no os gusta del todo, por lo que, en la medida de lo posible, tratad de hacer lo que os gusta. Soy consciente de que la parrafada anterior tiene una conclusión bastante breve, pero creo que era una experiencia interesante para que veáis que tampoco hay que tener miedo a los procesos de selección interminables de los grandes despachos y consultoras.

Piensa a lo grande

Una vez que terminas todo, te pones guapo o guapa para tu graduación, lloras, abrazas y besas a gente a la que probablemente no volverás a ver en tu vida, llega el momento de ponerte a pensar, sino lo has hecho ya, en qué haces.

Es una decisión complicada por lo que no es un tema baladí. Creo que hay que tener en cuenta varias cosas:

¿Quieres dedicarte a algo relacionado con lo que has estudiado?

Esta pregunta tiene sentido, pues no es poca la gente que a pesar de cursar los estudios de Derecho luego se dedica a algo diferente. El mundo de la publicidad está lleno de licenciados en Derecho.

Si la respuesta anterior es afirmativa, ¿Qué es lo que verdaderamente se te da bien y te gusta dentro de todo lo que has estudiado?

Esta pregunta también es importante, a la hora de decidir si te quieres especializar o no, si quieres estudiar un master relativo a lo que consideras que es la rama del Derecho a la que quieres dedicarte, si quieres opositar, si te interesa ir repartiendo currículos. Es importante fijar el camino a seguir por muy indiciariamente que sea.

¿Cómo puedo hacerlo?

Esta pregunta también parece una tontería pero hay que informarse bien de qué pasos hay que seguir para alcanzar tu objetivo. Es preciso recabar información en torno a becas, oferta de posgrado en universidades públicas, privadas, en el extranjero, máster con prácticas remuneradas, bolsas de trabajo, etc.

¿Me atrevo?

Este es el último paso, como en la fase interna del autor del delito, primero te planteas cometer una infracción, luego valoras los pros y los contras y finalmente, te decides a ejecutarlo.

Después de llevar a cabo esta reflexión interna, se supone que ya has decidido a qué te vas a dedicar por el momento, importante también tener en cuenta que los estudios de Derecho ofrecen tal variedad de posibilidades que la decisión que tomes no es irrevocable, siempre puedes reconducir tu camino. A continuación, voy a hablaros de las dos vías que mejor conozco: las oposiciones a judicatura y el trabajo en un despacho generalista pequeño.

Oposiciones: inversión de futuro

Uno de los dilemas más importantes que me planteé al terminar la carrera y que me sigo planteando a día de hoy es el relativo a la especialización. En mi caso, me gustan demasiadas ramas del Derecho como para sentirme cómoda abandonando alguna de ellas para dedicarme en exclusiva a otra, por esta razón y porque como ya adelantaba anteriormente, siento una gran preferencia por el proceso judicial en todas sus manifestaciones, el verano después de terminar la carrera, decidí tirarme a la piscina y opositar a Judicatura o como se la conoce comúnmente a “Jueces”, a pesar de que también se refiera a “Fiscales”, pues es el mismo examen aunque mucha gente no lo sabe.

La decisión de optar por una oposición, es dura, tiene que ser muy meditada pues es una inversión a largo plazo. El camino es duro, hay que ser consciente de que se renuncia a muchas cosas de manera inmediata en aras de la consecución de un objetivo superior, todavía recuerdo el primer día que fui a mi preparador y me dijo: “¿Ya le has dicho adiós a tu juventud?”, es duro, pero en cierto modo es cierto, hay que decirle adiós, por lo menos parcialmente.

Los opositores deben ser personas constantes, trabajadoras, sin miedo al sacrificio y con la suficiente autoestima como para que no les venza la rutina del opositor. Tenéis que volveros un poco maquiavélicos y considerar que el fin justifica los medios.

Las oposiciones a judicatura se componen de 321 temas y el proceso de selección consiste en tres exámenes: Un tipo test de 100 preguntas y dos orales de 1 hora de duración, en este tipo hay que exponer 5 temas extraídos al azar en el mismo momento del examen.

Por lo que la preparación de las oposiciones se basa fundamentalmente en la memorización de temas para exponerlos oralmente en un tiempo limitado, en 12 minutos. Normalmente no se presta mucha atención al test, es una opinión común que si sabes “cantar” los temas, no tienes problemas con el tipo test. Esto es un gran error, lo digo por experiencia propia, el tipo test es una criba y las preguntas van al detalle, precisamente a ese nivel de detalle que se pierde cuando se estudia únicamente para cantar los temas en 12 minutos, pues tienes necesariamente que resumir y que ir al grano. Como dice mi preparador, si dudas, Derecho Positivo.

Una duda muy común en los opositores, que se plantea al principio es la de si preparar las oposiciones con preparador o en academia. Yo recomiendo preparador, la preparación es mucho más personalizada, se ajusta a tu ritmo, a la personalidad y a la capacidad del opositor. Además generalmente suele ser más barato.

La búsqueda de preparadores de oposición puede ser muy compleja si no tienes algún conocido que prepare oposiciones o si no se conoce en absoluto este mundo. Es un mundo totalmente oscuro, no hay preparadores de oposiciones que se anuncien en internet normalmente, por lo que hay que “tirar de contactos”. Los preparadores suelen ser Jueces y Fiscales que ya han pasado por lo mismo que tú, por lo que siempre es un apoyo.

Es muy importante reconocer las limitaciones de uno mismo, reconocer lo que uno puede abarcar. No sirve de nada correr en la preparación de los temas, sino se fijan los conocimientos previamente, en estas oposiciones es casi más importante el repaso que el estudio inicial de los temas por lo que hay que ser muy sincero con uno mismo.

Es un camino duro, muy monótono, por lo que hay que armarse de valor. Hay que estar preparado para estudiar desde que te levantas hasta que te acuestas, haciendo pausas para comer, todos los días del año. Las vacaciones son una utopía para el opositor y la cabeza nunca descansa, por eso es importante dosificarse. Descansar un día a la semana, es fundamental, un día sin libros, al igual que es fundamental darse recompensas a uno mismo de vez en cuando para no perder la cabeza.

Del mismo modo que es importante llevar a cabo una profunda reflexión para lanzarse al mundo de las oposiciones, es importante también, ser capaz de distinguir cuando merece la pena continuar con ellas y cuando no. No hay que permitir que la oposición acabe contigo, por lo que no hay que tener miedo al fracaso. El miedo al fracaso es el principal obstáculo de los opositores que han sido brillantes durante toda su vida académica, por lo que hay que deshacerse de él cuanto antes. Si no tienes suerte en las oposiciones, recuerda que el mundo del Derecho te ofrece muchas posibilidades y que el tiempo que has pasado estudiando no es tiempo perdido, pues te dota de unos conocimientos teóricos que muy poca gente tiene. Así pues, amigos opositores, como decían los Monty Python: “Always look on the bright side of life”.

La versatilidad es una virtud impagable

Hay ocasiones en las que te ves obligado a replantear tu futuro. Las oposiciones pueden volver loco a cualquiera, la rutina puede ser letal y además de la rutina, desgraciadamente, no todas las familias pueden permitirse mantener a un hijo hasta los veintitantos o treinta años sin que éste perciba ingreso propio alguno. Por eso si os sentís desfallecer, no tengáis miedo de investigar otras opciones para complementar vuestros estudios.

La rutina de la oposición, acompañada de alguna convocatoria suspensa puede acabar con la estabilidad mental de cualquiera, por eso hay que recordar aquello que decíamos al principio: la mente siempre abierta. En mi caso, cuando ya no veía el fin que justificaba los medios, decidí dar un medio giro a mi vida y asomarme a la ventana del mundo de la abogacía. Tuve la suerte de encontrar un trabajo en un despacho generalista pequeño pero ambicioso, que me permitía compatibilizar mis estudios para judicatura con mi trabajo.

A día de hoy, creo que es la mejor decisión que pude tomar en ese momento porque de manera práctica también se estudia y además, el mundo laboral te permite tener acceso a rincones de esta profesión que no se aprenden en los libros.

El mundo de la abogacía es apasionante, es rico en detalles, matices, es creativo. Cada caso es distinto del anterior, un reto nuevo cada día. Aprendes arquitectura, medicina, empresariales, teatro, etc.

Iniciar la defensa de una pretensión desde el principio, elaborando tu demanda y defendiéndola en juicio, te da una visión que difícilmente puede compararse a nada. Para los opositores a jueces además, tengo que deciros que es importante “perderle respeto a los jueces”, con esto me refiero a que no hay que tener miedo a ponerse la toga y hablar en sala para defender los intereses de tu cliente, para eso hemos estudiado. Que tu cliente te de la enhorabuena por el trabajo que has realizado es extremadamente gratificante y te ayuda a volver a ser tú mismo, a recordarte que puedes ser muy bueno en tu trabajo porque te gusta y porque sabes hacerlo.

Los abogados nos enfrentamos a menudo a otro dilema que es el referido a la elección entre despacho grande y despacho pequeño. Yo no conozco el trabajo en despacho grande pero siempre me ha dado miedo el especializarme de facto en una rama del derecho o en algún tipo de procedimiento específico, por lo que tengo más preferencia hacia el despacho pequeño en el que lo ves y lo haces todo, desde ir a fotocopiar las actuaciones de una instrucción, a negociar una indemnización de un trabajador, redacción de escritos, elaboración de minutas, comparecencias y por supuesto juicios. Juicios penales, civiles, mercantiles, un dominio transversal del Derecho te ofrece una perspectiva única, por paradójico que pueda resultar, pues te da la oportunidad de dedicarte prácticamente a lo que quieras. Evidentemente, también tiene sus inconvenientes y es que muchas veces el tratar de abarcar demasiadas materias, hace que no domines verdaderamente ninguna, pero para eso hay que seguir la máxima de adaptarse o morir. Hay que ser capaz de reciclarse y de adaptarse a cualquier situación. Toda experiencia relacionada con el mundo del Derecho es positiva para vuestra formación como profesionales, desde escribir un blog hasta asistir a juicios como público.

Conclusión y despedida: nunca dejes de aprender

El día en que no estéis nerviosos antes de entrar a juicio, antes de cantar los temas de vuestra oposición o que dejéis de querer a vuestros escritos como hijos propios, dejaréis de ser abogados. Somos profesionales que se nutren de la sociedad, de la actualidad, de los cambios, de la gente y no de sus problemas, sino de las soluciones que podemos proporcionar a esos problemas.

El buen abogado no tiene que ser mentiroso, ni manipulador, tiene que ser una persona honesta que defienda los intereses de su representado de la mejor manera posible, contribuyendo con ello a la evolución y mejora de la justicia. Los abogados damos tanto como recibimos del mundo que nos rodea, por eso hay que estar preparado tanto para dar conocimiento como para recibirlo.

Hay que estar en constante proceso de aprendizaje, en constante formación, eso es lo que dota de excelencia a un jurista independientemente de las funciones concretas que desempeñe.

Y recuerda que eres:

  Justicia

hUmildad

  Responsabilidad

   Integridad

  Seguridad

  Tenacidad

  Ambición

Virginia López Santamaría.

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