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No seas uno más:
la importancia de la formación complementaria

Ana María Fúnez

Presidenta del Consejo General de Debate Judicial y Coordinadora Nacional Universitaria de la Plataforma Cívica por la Independencia Judicial.
Ganadora del Premio a Mejor Jurista Universitaria 2015 y del Primer Premio de Equipo en Copa Máster del Poder Judicial.
Premio a Mejor Oradora del Torneo Pasarela Judicial de Madrid.
Buscando siempre la oportunidad de seguir creciendo tanto en lo personal como en lo profesional. El éxito no se logra solo con cualidades especiales, es sobre todo un trabajo de constancia, método y organización.

“Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Y si la respuesta es no por demasiados días, sé que necesito cambiar algo”

Steve Jobs

La formación extracurricular durante la etapa universitaria, es para mí una clave de desarrollo y de éxito, pero ¿por qué hacer más de lo que nos exigen?

Vivimos en un mundo muy competitivo. Hace unos años, el tener finalizados tus estudios con una buena media te garantizaba un buen puesto de trabajo, pero más tarde la cosa empezó a complicarse y las empresas y despachos de abogados comenzaron a incluir en sus requisitos de selección los idiomas como algo imprescindible; a día de hoy, no es solo una cuestión de formación e idiomas sino también de liderazgo, gestión de equipos, comunicación, persuasión y un largo etcétera.

Entonces os preguntaréis: ¿cuál es la clave del éxito? ¿debo hacer todo eso antes de salir al mundo laboral? Mi respuesta es clara: no se prepara el camino para el jurista, se prepara al jurista para el camino. Busca algo que te haga distinto al resto de graduados en Derecho, algo que te haga feliz, pero nunca te conformes con ser uno más.

Sé tan bueno que no puedan ignorarte

Si preguntamos por la definición de éxito, nos podemos encontrar palabras como perseverancia, actitud, optimismo, tesón, lucha, aptitud y así infinitas respuestas. Algunos consideran que el éxito es lograr lo que aparentemente todos desean: dinero, reconocimiento, fama; otros simplemente creen que el éxito es el resultado de nuestras decisiones; para mí, sin embargo, es la satisfacción de saber que haces lo máximo para llegar a ser lo mejor que eres capaz de ser.

El afán incansable en la búsqueda de la excelencia es ya reconocido en los principales despachos y empresas de nuestro país. Y ser excelente depende en exclusiva de uno mismo, es el opuesto a conformarse con el estado actual de las cosas, es el camino para llegar al éxito que tanto ansiamos todos. Conseguir no ser como los demás será sin duda un puente para alcanzar nuestras metas, el medio para cambiar todas aquellas cosas con las que estamos disconformes. El conseguir destacar se compone de asumir retos cada día, incansables búsquedas de la mejora continua, autocríticas y una gran disciplina.

Recuerdo que una vez en un curso, en el Centro de Estudios Garrigues, nos contaba Pablo Olábarri, uno de sus socios, cuáles eran las preguntas que él hacía en las entrevistas del despacho y en qué se fijaba para coger a alguien o no. Él nos dijo: “Si yo tengo delante a dos personas con la misma carrera y la misma nota media, que hablan idiomas igual de bien, ¿a quién cojo?” Y continuó: “Yo lo tengo claro, en ese momento le preguntaré a cada uno: Oye, ¿tú qué sabes hacer bien? Fuera del Derecho, fuera de lo que tienen los demás, ¿qué te hace diferente? Y en virtud de lo que uno y el otro respondan, tendré claramente al elegido". A aquellas palabras añadió una frase que me marcó: “Aquí siempre se valorará al que se sale de lo común, aquel que tiene más que el resto sin que nadie se lo haya impuesto, en definitiva, aquel que disfrute formándose.”

Fue ahí cuando comprendí que lo estaba haciendo bien, fue en ese momento cuando me di cuenta de que todos los sacrificios y todo el esfuerzo que parece en vano en tantas ocasiones, te lleva poco a poco a la excelencia que luego es tan tenida en cuenta y que puede tocar tu futuro y tu vida.

El éxito no se logra solo con cualidades especiales. Es, sobre todo, un trabajo de constancia, método y organización
Jean- Pierre Sergent

Para lograr la tan preciada excelencia, esa de la que tanto se habla ahora, hay que salir de lo común, buscar algo que nos guste, que nos motive, algo que nos haga diferentes al resto.

Es importante siempre tener optimismo respecto a conseguir nuestras metas, tener claro que no es suficiente lo bueno cuando existe lo mejor, basándonos en que siempre todo lo que hagamos puede ser mejorado, sin castigarnos o venirnos abajo con cada error porque hay que tener claro que siempre se empieza no sabiendo y que las personas que estamos permanentemente en búsqueda de la excelencia, estamos siempre buscando la manera de hacer las cosas mejor, aunque solo sea un poco. Si nos conformamos con las cosas como están y no intentamos cambiar nada, caemos irremediablemente en la tan criticada y abundante mediocridad.

Mi elección: el debate universitario

"No hay nada tan increíble que la oratoria no pueda volver aceptable"

Cicerón

Cuando uno decide dar el gran paso de dedicarse a algo más que a lo exclusivamente obligatorio en su etapa universitaria y decide pasar por la Universidad siendo algo más que otro expediente u otra cara en la orla, surge la gran pregunta: ¿Y qué hago?

Existe una gran oferta de formación complementaria a la que podemos acceder por un precio muy económico e incluso de forma gratuita dependiendo de qué formación elijamos (clases de baile, idiomas, tocar un instrumento, informática, etc.).

Yo, desde el primer año de carrera, he realizado cursos orientados al perfeccionamiento de mi futura condición de jurista y he buscado siempre formación complementaria en forma de cursos de unas horas, de dos tardes o seminarios de una semana y es cierto que todo esto te da un curriculum más completo, pero no lo disfrutaba del todo.

Una tarde en la facultad, un compañero nos comentó que iba a empezar a impartirse dos días a las semana un curso de oratoria para todo alumno de Derecho que deseara apuntarse. El precio era de cincuenta euros por todo el año y pensé: “Con el auge que tiene ahora el tema de la comunicación, voy a probar”.  Con solo diez minutos allí sentada, entendí que aquello sí que era lo mío, que me entusiasmaba y sentía profunda admiración por los chicos que hicieron el debate de exposición para iniciar el curso.

"Lo más importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice"

Peter Drucker

Es evidente la gran importancia de la oratoria y la comunicación en el mundo globalizado en el que nos encontramos, actualmente es fundamental saber transmitir. Veréis, si al terminar de dar una conferencia, el conferenciante dijera al auditorio: “Por favor, que todo el mundo salga por la puerta de la derecha”, pero a su vez señalara con el brazo y la mirada la puerta de la izquierda, más del noventa por ciento de los asistentes saldrían por la izquierda y el diez por ciento restante se miraría y se preguntaría: “Ha dicho derecha, ¿no?”. Pero ninguno saldría decidido por la derecha. Esto se produce porque la comunicación no verbal a menudo tiene más peso que el mensaje que estamos transmitiendo de forma únicamente oral. Por ese motivo, aprender a comunicar resulta tan importante.

De cara al mundo del Derecho, resulta si cabe más imprescindible aún ser un buen orador, pues a los profesionales de la abogacía del siglo XXI se les exige ser capaces de persuadir, comunicar, escuchar, liderar y saber trabajar en equipo. Una de las habilidades básicas que debe poseer un buen abogado a la hora de ejercer su profesión es la oratoria, una demostración de seguridad, liderazgo y formación. Los profesionales de la abogacía deben ser capaces de persuadir, callar, escuchar, liderar y trabajar en equipo, cualidades todas ellas dignas de un buen orador.

No es posible obviar que la abogacía requiere aprender a comunicar. De hecho, la abogacía es precisamente eso, un debate llevado a un ámbito jurídico en el que se busca defender unos argumentos, con un discurso que consiga convencer al juez.

La oratoria bien aprendida y aplicada, consigue dar a un abogado los recursos que necesita para conseguir una excelente capacidad de expresión, un lenguaje más rico, llenarse de reflejos a la hora de argumentar y responder, además de aportarle la capacidad de adaptar el registro a la situación o mostrar seguridad en el habla. En definitiva, se puede decir que aporta fortaleza y seguridad al abogado, tanto en un juicio como en reuniones de empresa.

Tengo que señalar que la oratoria también es clave a la hora de ganar clientes, que van a decidirse en un 80% por un abogado teniendo como principal valor el cómo hable y cómo se exprese. Al cliente también hay que ganárselo.

Finalmente, y no por ello menos importante, con respecto al tema de la oratoria, nos aporta inteligencia emocional, que mejora la comunicación con el cliente, creando en torno a este una relación emocional que le permita confiar en tus juicios y tu demostrado talento.

Copa Máster del Poder Judicial: la excelencia aplicada, te lleva al éxito
“No hay secretos para el éxito. Este se alcanza preparándose, trabajando arduamente y aprendiendo del fracaso”
Colin Powell

El 28 de Marzo de este año 2015, un amigo y compañero de debate me propuso ir un poco más allá y saltar del debate interuniversitario al debate judicial. Quien iba a decirnos que cuatro meses después terminaríamos como finalistas nacionales individuales disputándonos el uno contra el otro el título a Mejor Jurista Universitario de España.

Tengo que reconocer que la idea de participar en un debate en el que quien te juzga no son profesores universitarios, sino jueces, abogados y magistrados, impone bastante; pero el que no arriesga no gana y yo sentí que era el momento de lanzarme a por algo más fuerte: ir al torneo Pasarela Judicial 2015 del Poder Judicial.

La Liga de Torneos de Debate del Poder Judicial trataba dos temas: “¿Debe restringirse la justicia universal?” y “¿Debe establecerse la prisión permanente revisable en nuestro ordenamiento jurídico?”. Temas de índole plenamente jurídica donde solo tenía cuatro minutos para defender la postura que el azar decidía en cada enfrentamiento. Poco a poco fuimos superando debates y, al final, resulté la ganadora del Premio a Mejor Oradora del Torneo Pasarela Judicial Madrid 2015.

Al terminar el torneo y ya con el trofeo en mis manos, uno de los magistrados se acercó a mí y me dijo: “Enhorabuena, tu compañero y tú estáis clasificados para la Copa Master European del Poder Judicial, las dos primeras plazas son para vosotros”.

No me lo podía creer, eso significaba que acababan de seleccionarme para un viaje a Europa con todos los gastos pagados en el mes de Julio y, lo más importante, la oportunidad de debatir en instituciones como el Parlamento Europeo entre los 16 mejores universitarios seleccionados de toda la Liga. En ese momento comprendí que de entre más de doscientos quedaban solo dieciséis y que yo ya era uno de ellos.

Durante esos cuatro meses no paré de repetirme: “Llegar hasta aquí ya es haber ganado”, pero eso no significaba que iba a rendirme, yo siempre he tenido claro que cada debate es una oportunidad de mejorar y evolucionar, sin embargo nunca me he permitido verlo como una posibilidad de ridículo o de fracaso.

“Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes hacerlo. Si quieres algo, ve a por ello y punto” 

Llegó el 14 de Julio, La PCIJ concibió los torneos de debate como «una forma de dar visibilidad ante la opinión pública nacional e internacional del grado de politización que sufre la Justicia española y que amenaza con debilitar el respeto a los Derechos Humanos en nuestro país».

Al inicio de cada sesión se sorteaban las dos posturas objeto de debate. Fuera a favor o en contra, los enfoques contrapuestos debían responder a la siguiente pregunta “¿Deben reformarse el Consejo General del Poder Judicial y el Ministerio Fiscal para garantizar nuestro Estado de Derecho?”. El jurado estuvo integrado por juristas de reconocido prestigio como Adolfo Suárez-Illana y Virginia López-Negrete, el periodista Pedro J. Ramírez, el eurodiputado Javier Nart así como la exmagistrada y actual alcaldesa de  Madrid, Manuela Carmena. Sin duda, un jurado estratégico y perfecto conocedor de justicia española.

Una vez más, fuimos ganando debates con un equipo al que titulamos “La Alianza”, pues estaba compuesto por una mezcla perfecta de todo lo que suele separarse por ende: lo componíamos dos chicos y dos chicas, dos de la Universidad Complutense de Madrid, universidad pública por excelencia y los otros dos de la Universidad Francisco de Vitoria, una de las privadas más conocidas. Con nuestra unión conseguimos demostrar que a veces un blanco o un negro no lo son todo, que los grises también pueden funcionar, pues el nuestro fue el equipo ganador de la Copa Máster del Poder Judicial.

La puesta en escena, la fluidez del léxico, la capacidad de improvisación así como la introducción atractiva, la argumentación jurídica o la capacidad de persuasión y el reflexivo desenlace de cada orador, fueron algunos de los criterios evaluados por el jurado.

Pero lo más difícil estaba aún por llegar, porque al decir el nombre de los clasificados para el reto individual, sonó mi nombre. El reto individual consiste en que ya no solo te encargas de hacer una parte del debate y la carga se reparte entre el equipo. En este caso, tú eres tu propio equipo. Dieciséis minutos de debate que debes repartir en una introducción sobre tu postura, una refutación de lo que dice tu compañero y por último una conclusión que convenza al jurado de que eres el claro ganador.

Para complicar aún más la cosa, el otro finalista individual era mi compañero y amigo de debate y facultad. Una final Complutense vs Complutense es lo que se produjo aquella tarde en el Colegio de Abogados de Madrid, pero para mí era mucho más, para mí se trataba de una charla entre amigos, de una oportunidad de disfrutar plenamente de una gran final con la persona que más conocía de los dieciséis que empezamos.

Su señoría, el magistrado Manuel Ruiz de Lara, desplegó el papel y el azar quiso que defendiera la reforma del CGPJ y que mi compañero Pablo refutara mis argumentos optando en su en contra por la eliminación de la institución. En un ambiente de complicidad y compañerismo, por todas las horas de estudio y esfuerzo compartidas entre nosotros, intentamos ofrecer un debate apasionado donde el talento de ambos brillara más que nunca.

Una vez terminado el debate, se procedió a anunciar el nombre del ganador individual, entre el silencio y la tensión, yo solo pensaba: "Lo has hecho lo mejor que sabes, siéntente muy orgullosa". Mientras repetía esa frase una y otra vez en mi cabeza, de fondo escuché: "Y el premio al Mejor Jurista Universitario de España es para Ana María Fúnez".

Salí al atril en shock y aguantándome las ganas de llorar, lo único que pude hacer en aquel momento fue darle las gracias a todas las personas que me habían apoyado siempre. Sé que suena típico pero en un momento como ese sientes la necesidad de mostrarle a todo el mundo lo afortunada que te sientes y lo agradecida que estás.

Hoy aún lo recuerdo y me emociono. Es raro leer de uno mismo: "Se proclama así como la Mejor Jurista Universitaria de España de este año 2015 y se consagra como la jurista con mayor proyección del panorama universitario nacional y, sin duda, como uno de los principales talentos del país". Es inevitable volver a revivirlo todo con una gran sonrisa, porque lo viví con muchas ganas y con una profunda y continua ilusión. Aparentemente es este premio el que me ha llevado a ser ahora la Presidenta del Consejo General de Debate Judicial y la Coordinadora Nacional Universitaria de la Plataforma Cívica por la Independencia Judicial. Pero no es así, como decía al principio de este artículo, el jurista se hace al camino y no el camino al jurista. Y el éxito es una carrera de fondo repleta de obstáculos.

Para mí el haber llegado hasta aquí, el tener este título y este premio, no es más que la recompensa a toda la lucha diaria que llevo teniendo durante años, es el darse cuenta de lo gratificante que al final resulta ir a contracorriente por muy absurdo que a uno le parezca algunas veces vivir más sacrificado que el resto.

Para mí, ahora solo empieza una nueva etapa. Todos estos méritos y estos logros que ahora tengo son el empujón que uno necesita para seguir corriendo en esta carrera de obstáculos que a veces parecen insalvables. Son un paso más hacia el verdadero éxito, que, como dije al principio, para mí es y será siempre la autosatisfacción de saber que haces lo máximo para llegar a ser lo mejor que eres capaz de ser.

Ana María Fúnez
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