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La toga de electrones

José María Casasola

@JoseMCasasola

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Ignoro cómo sería en tiempos pretéritos, pero la vida de un abogado penalista en plena década del 2030 dista mucho de ser relajada.

Rozando la cortesía de las 08:00 AM –cortesía nada desdeñable al haber acabado aquella infernal declaración policial bien entrada la madrugada— me despertó el sonido de mi comunicador de pulsera integrado. Cuál no sería mi asombro al escuchar, en lugar de la agradable, esperada y neutra voz de mi computadora, el apático timbre de voz de aquel sujeto en un escueto pero inquietante clip de audio certificado.  

"Buenos días Sr. Márquez. Ha sido convocado a una vista previa sobre prisión preventiva respecto de su cliente identificado con Código de Salvaguarda de Datos 2038P012012001441 instada por el Ministerio Fiscal que tendrá lugar a las 10:00 horas en las dependencias de la sede física del juzgado, ya que el certificado holográfico da problemas con el interfaz de Fiscalía. Presidirá la Juez de garantías Ilma. Sra. Beatrix Law. Dependencia 505. Togado."

Apenas sí tuve que descargar de la computadora del despacho el asunto por el que con tanta premura había sido convocado, ya que las declaraciones las tenía todavía frescas en la memoria. Con el tiempo justo de aplicarme la crema depiladora facial y darme una ducha rápida, mientras dejaba en manos de la IA de mi computadora encontrarme un vehículo compartido para acudir al tribunal, tomé un rápido refrigerio y salí a la jungla de asfalto.

Un familiar zumbido en mi muñeca me avisaba de que aquel sedán con aspecto vintage que se aproximaba sería mi transporte hacia las dependencias judiciales, antaño en la periferia, pero que el crecimiento de la urbe había dejado bien lejos del modesto barrio residencial en el que vivo. 

Gruñendo entre dientes un leve buenos días al resto de los ocupantes del vehículo, desplegué la pantalla de grafeno de mi dispositivo para revisar los detalles de lo sucedido.  Mi cliente  fue sorprendido en la mañana de ayer en la sede de la empresa a la que pertenecía, tras haber sido despedido horas antes, y él mismo avisó a urgencias al encontrar al gerente sin vida echado sobre la mesa de su despacho, sin aparentes signos de violencia. Los informes de dactiloscopia y autopsia han sido remitidos a la oficina judicial encriptados, pero los avances descartan agresión física.

Tras ordenar a la IA que verificara la transferencia acordada de bitcoins  por el transporte, entré en las dependencias judiciales y accedí a la macro oficina que daba servicio a más de cien unidades judiciales, conocida en el mundillo como los dominios de la Sra. Kate Faith, la Letrada judicial. Tras identificarme digital y retinalmente pude acceder a las actuaciones, faltando apenas unos cincuenta minutos para la vista. Más difícil me fue lograr que clonaran el expediente virtual en mi computadora, dadas las medidas de seguridad que acerca de tan sensible información se despliegan. Un control adicional de troyanos y demás bugs y, con el beneplácito de la Sra. Faith –severa pero justa— logré almacenar la información, no sin antes oírla justificar los procesos.

"Tengo a mi cargo más de 30 personas, y ello sin contar un número aún superior de inteligencias artificiales autónomas y más de la mitad de los recursos están directa o indirectamente enfocados a la salvaguarda de datos y seguridad informática. Los protocolos de acceso quedan registrados en el servidor central, con expresión del responsable y la finalidad de la consulta. El material audiovisual tiene un nivel de seguridad aún mayor, ya que sólo se exhibe a través de visores homologados quedando registrado el permiso asociado a un reconocimiento ocular del visualizador.  Quedaron ya atrás aquellos tiempos en que cualquier persona que circunstancialmente pasara por el juzgado pudiera examinar desenfadadamente las actuaciones."

Con apenas el tiempo justo para llegar a la sala 505 –que por algún atávico motivo se denominaba así pese a que nunca hubo más de medio centenar de salas– me pasé por el salón de togas, donde opté por una holográfica sencilla: solemne pero de corte clásico. El leve cosquilleo de los electrones al desplegarse la toga sobre el traje hace que uno se sienta alerta, imbuído de cierto aplomo, y dispuesto para entrar en estrados. 

La Magistrada, la Sra. Beatrix Law, parecía algo chapada a la antigua. Desdeñando los ingentes medios a su disposición, se esmeraba en tomar notas en su pad de bolsillo. La Letrada Judicial había logrado formar en tiempo récord unos autos virtuales integrados con la totalidad de las diligencias practicadas y no podía ocultar su satisfacción cuando el Fiscal,  el reputado Christian Auror, intentó aplazar la vista para examinar las actuaciones, siendo denegada esta posibilidad por la Magistrada: "Recibió aviso para examinar el expediente hace un par de horas, al mismo tiempo que la defensa. El tiempo es esencial en estos casos ya que un filtrado prematuro a los medios del expediente puede arruinar la reputación del investigado."

Tras las solemnidades preceptivas y la identificación de todos y cada uno de los intervinientes –a los efectos de integrar correctamente los archivos de la Sra Faith, se condujo a estrados al acusado, mi cliente. Su aspecto era mejorable aunque aseado, ya que habían pasado algo más de 24 horas desde que se le detuvo. Con carácter previo al acto se proyectaron en la gran pantalla de grafeno, una vez puestos en marcha los inhibidores de frecuencia, los informes de dactiloscopia y medicina forense. De los mismos se apreciaba claramente que mi cliente sólo tocó en la muñeca y cuello al interfecto, según su manifestación a  los efectos de comprobar si tenía o no pulso. La causa de la muerte, parada cardiorespitratoria y muerte por anoxia cerebral que hacía irrecuperable cualquier intento de recuperación.

El Fiscal, el tenaz Sr. Auror, no lo vio así. Con grandilocuientes palabras llenó la sala con un relato reconstruido a través de proyección de imágenes en el que mi cliente atónito veía como su recreación tomaba del cuello y de la mano a su antiguo jefe y este caía fulminado llevándose las manos al pecho. Tiempo después y tras fingir voz de sorpresa llamó a los servicios de emergencia evitando mirar las dilatadas puplias de la víctima. Llegado mi turno no pude sino replicar con que eran meras conjeturas, hiladas eso sí de forma verosímil pero incierta. Providencial fue que apareciera en el expediente el historial médico de la víctima, con antecedentes cardiacos. Eso y la ausencia de violencia física en las marcas de muñeca y cuello hicieron pronunciar un veredicto absolutorio, no firme, pero de momento, liberador.

A la mañana siguiente en las redes sociales un discreto titular informaba de la detención y puesta en libertad de mi cliente. Eclipsado, cómo no, por la noticia del día: "El organismo internacional INTER-JUST ha condenado al Estado Español a dedicar el dinero recaudado en tasas judiciales a principios de siglo a atender la justicia gratuita, tal y como la norma que las estableció obligaba."

I CONCURSO NUEVOS JURISTAS SOBRE “LOS RETOS DEL SECTOR LEGAL EN ESPAÑA”

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