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La llave de acceso a los grandes despachos

Ana Gil Gómez

Doble Graduada en Derecho y Economía.
Editora de la sección de Actualidad Jurídica en la web de aprendizaje colectivo Qué Aprendemos Hoy y redactora cuando el horario me lo permite.
Apasionada del aprendizaje continuo y de los retos que surgen por el camino, con confianza acérrima en que siempre es mejor cambiar de rumbo y arriesgar que vivir eternamente seguro en tu zona de confort.
"Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años"
Abraham Lincoln
El nacimiento de mi vocación

Mi andadura en el mundo del Derecho se inició hace algo menos de seis años. Miento, aunque no era plenamente consciente, mi gusto por esta ciencia había empezado años atrás. De forma genuina, por la inocencia que da la niñez, y a la par, contraria a los motivos que en mi mayoría de edad me empujaron a estudiar Derecho, cuando era pequeña tenía algo claro. Los niños por lo general quieren ser bomberos, cantantes o actrices. Yo quería con todas mis fuerzas ser notaria. Lo gritaba a los cuatro vientos ante la perplejidad de mis contemporáneos que no entendían ni papa de mi antojo. Y yo tres cuartos de lo mismo. Sin embargo, yo no necesitaba más que las cuatro pinceladas que le había oído decir a mi tío Alfonso sobre la vida de los notarios. Y, sinceramente, eso de tener un despacho donde estar sentado, firmar un papel y que te pagasen dinero por ello no me parecía un mal plan de futuro.

Como he anticipado, años más tarde y con algo más de conocimiento y racionalidad, me decanté por estudiar Derecho. Mi inquietud y dinamismo hicieron que varios de mis profesores del Instituto Cardenal López de Mendoza, en Burgos, mi ciudad natal, me recomendaran combinarlo con una carrera numérica. Pues bien, por dichas recomendaciones, tanto familiares como académicas, decidí solicitar mi admisión en el Doble Grado de Derecho y Economía de la Universidad Carlos III de Madrid.

La andadura universitaria de la mano de Bolonia

Era el año 2009 y el Plan Bolonia andaba todavía en patucos, siendo mi Universidad pionera en su implantación un año antes. Las historias que todos los estudiantes de primer curso teníamos preconcebidas no nos sirvieron de mucho para hacernos una idea de lo que realmente iba a ser nuestro paso por la Universidad.

De hecho, mi idea de ponerme música mientras estudiaba las asignaturas de Economía para desconectar de las largas horas sin levantar cabeza de las famosas losas que representaban los manuales de Derecho no fue tan aplicable. Se había acabado eso de estar cuatro meses de oyente en las clases para pegarte un atracón los treinta días antes de los exámenes finales. Yo he vivido el tener cinco prácticas la primera semana de clase, la asistencia obligatoria, los exámenes parciales cada quincena, los trabajos grupales y la nota dividida en miles de porcentajes. No es una crítica, ya que no llegué nunca a vivir el otro método, es únicamente descriptivo. Llevar la carrera al día es una utopía, es un propósito que me he impuesto desde que tengo uso de razón y se consigue a duras penas en el colegio. Sin embargo, la obligación de tener evaluaciones de manera continuada hace que no pierdas comba, que te fuerces a no querer perder convocatorias y a espabilarte en sacar la carrera.

Cinco años y medio después, lo que dura mi plan de estudios, puedo decir que soy doble graduada.

¿Qué puedo deciros en este punto sobre lo que ha sido mi duelo desde hace al menos un año y medio? Supongo que la carrera cada uno la pelea a su manera, se enfrenta a diferentes obstáculos que difieren según los gustos por las asignaturas, la capacidad lectiva o las circunstancias personales. No obstante, todos llegamos a un punto común, incluso me atrevería a decir que es un punto compartido por una amplia mayoría de graduados cuando van viendo el final del túnel universitario: ¿qué camino escoger?

Tú sigues todas las paradas del camino que has ido viendo a otros que fueron antes que tú, pero no te habían avisado de que llegaría un punto que realmente condicionaría tu vida. Y sí, aunque suena a tópico literario, la vida está hecha de opciones. Y son estas las que van a determinar el diseño de nuestro futuro. Eliges una puerta y, de forma inevitable, va a conllevar que se cierren otras. Es lo que lo economistas llamamos coste de oportunidad, la otra cara de la moneda de tu gran decisión, lo que dejas atrás por escoger una de las opciones.

Durante el transcurso de mi doble grado una única cosa me fue quedando clara. Me gustaba mucho más el Derecho que la Economía. No tanto porque odiase la Economía, sino por cómo me apasionaba el Derecho. Y cuando encuentras lo que te gusta, ya te pueden enseñar cien opciones más, que solo tienes ojos para una. Ojalá me hubiera resultado tan cristalino elegir entre las puertas que me abría el grado en Derecho. Aunque en determinados momentos me parecía frustrante tener tan claro que no quería vivir como economista, saber descartar puede resultar un gran alivio cuando las opciones que tienes enfrente son excluyentes entre sí.

Un alto en el camino: ¿opositar o ejercer la abogacía?

Esa era mi coyuntura hace unos meses: opositar o ejercer como abogada. Mi potencial vocación opositora desde mi determinación por ser notaria se había afianzado durante la carrera. Había interiorizado plenamente el servicio a la justicia entendido como valor primordial de mi formación y, en este sentido, la judicatura fue durante un largo tiempo mi primera opción.

Fueron varios los factores que me hicieron desechar el camino que en principio iba a seguir bajo todo pronóstico. Por un lado, el hecho de haber elegido un doble grado que duraba casi seis años hizo que mis ganas de encerrarme otros tres años, mínimo, a dedicar mi vida al estudio fuera en decadencia. Los objetivos cambian mucho si te los planteas en segundo de carrera a si te los planteas cuando ya llevas cinco. Por otra parte, las necesidades económicas de mi familia habían variado desde que empecé la carrera y el hecho de tener que vivir varios años más a costa de mis padres era otro de los motivos que me tiraba para atrás. Sin embargo, creo que lo que realmente me quitó la idea de opositar fue la inmensa incertidumbre que se presenta ante ti.

Nadie te va a asegurar sacarte una oposición. Es una lucha constante, diaria y sin resultados a corto plazo que te obliga a poner todas tus esperanzas en un objetivo que nadie te asegura a ciencia cierta. Actualmente lo pienso y, aunque no estoy segura de si lo hubiera conseguido, de lo que si tengo certeza es que esa vida transitoria de opositora, en ese momento, no era para mí.

Por lo que, más por descarte que por vocación, decidí probar suerte en la élite de los despachos de abogados de Madrid. Empecé a informarme sobre los procesos de selección de los despachos que más renombre tenían, me dejé asesorar por profesores y conocidos y envié mi Curriculum Vitae.

Mi primera toma de contacto fue el verano de mi último año de carrera. Un despacho internacional de conocido prestigio me dio la oportunidad de realizar su programa, conocido como “Summer Students”. Lo que ahora escribo tan a la ligera fue el resultado final de una ardua experiencia por el mundo de los procesos de selección, que solo acababa de empezar.

He de decir que, a pesar de ir advertida, no era yo plenamente consciente de lo suponía enfrentarse al departamento de RRHH de un despacho de abogados de primera línea. Y en eso, sin lugar a dudas, os puedo decir que la experiencia es un grado. La radiografía que se puede obtener tras una entrevista de tal calibre no tiene parangón con ninguna que yo hubiese presenciado previamente. Por ello, he creído oportuno crear un manual de instrucciones teórico y un decálogo de los elementos imprescindibles a tener en cuenta a la hora de enfrentarse a un proceso de selección que me gustaría haber sabido a mí desde el principio.

Pistas útiles para tener acceso a un gran despacho

En este sentido, y con la pretensión de ser práctica, os diré que a lo largo de mi experiencia durante los procesos de selección he podido ver una serie de pruebas que se repiten. Son pruebas que se realizan en diferentes fases y a las cuales se va accediendo una vez que superas las anteriores. A continuación os pongo una lista orientativa de las mismas:

Primera fase. Departamento de RRHH.

  • Test psicotécnico: varías pruebas con tiempo limitado en las que se ponen a prueba tus capacidades comprensivas, numéricas, analíticas... Se pueden practicar de forma previa a la prueba para adquirir agilidad y no verlas por primera vez en el proceso de selección.
  • Prueba de inglés: aunque no lo he mencionado previamente, el inglés es imprescindible en estos despachos. Sus operaciones siempre van a tener componentes internacionales y deberás estar a la altura de un inglés avanzado escrito y hablado. Suelen pedir un nivel CAE según las pruebas de Cambridge University (Advanced). Se puede presentar mediante un test con diferentes pruebas o de forma redactada sobre un tema ampliamente conocido.
  • Prueba de actualidad: es habitual que analicen la redacción en la lengua nativa mediante un comentario de texto. Es habitual que saquen a colación un tema de actualidad o de cultura general para valorar tanto el conocimiento de la materia en cuestión así como las cualidades de exposición mediante la escritura.
  • Test de conocimientos jurídicos: suele tratarse de un test con diferentes secciones donde dispones de un tiempo limitado para responder a muchas preguntas multi-respuesta. Las secciones jurídicas más recurrentes es habitual que sean: civil contractual, administrativo, laboral, concursal, mercantil o tributario.

Segunda fase. Departamento de RRHH.

  • Dinámica de grupo: es habitual que, tras pasar las pruebas escritas, convoquen a un colectivo de ocho o diez candidatos que las hayan superado para una prueba grupal. La conocida como “dinámica de grupo” puede tener muchas variables, pero su pretensión es evaluar qué capacidad tienes de trabajar en equipo, tu iniciativa, tu crítica con diferentes puntos de vista y la forma de exponer tus ideas. Puede presentarse en forma de artículo de opinión sobre un tema de actualidad o sobre un acuerdo ficticio sobre el color de la cometa que representaría mejor a tu país. La clave estará en llegar a una conclusión en la que haya que ceder ante opiniones de otros y saber argumentar por qué defiendes el rol que te haya tocado.

En esta prueba solo interactúas con tus compañeros/oponentes ya que la persona que esté al cargo de RRHH se quedará al margen para veros debatir. Es muy probable que en algún punto de la dinámica se indique cambiar el idioma al inglés y deberéis seguir debatiendo varios minutos. Por lo que también les sirve a ellos para evaluar el nivel oral de dicho segundo idioma.

Tercera fase. Departamento RRHH y Socios.

  • Entrevista/s personales. Si has conseguido superar las fases anteriores, mucho más impersonales, es probable que te convoquen para una entrevista con el Departamento de RRHH. Estas entrevistas suelen ser relajadas, sobre tu formación académica, repaso del CV, preguntas personales para que puedan verte expresándote en un ambiente relajado. Son sencillas y el mejor consejo que os puedo dar es ser uno mismo. A la par o de forma posterior, si vislumbran que tienes proyección dentro de la firma te convocan para una entrevista con algún socio del despacho. Es muy importante que sepas a qué departamento pertenece y cuál es su trayectoria, por el mismo motivo que he expuesto en el punto tres de este decálogo. Este tipo de entrevista puede ser más técnica, con preguntas jurídicas concretas, preguntas de actualidad o de cultura general o con un posible caso práctico. Recomiendo llevar esta entrevista un poco más preparada. Es favorable informarse previamente, leerse los periódicos del día y llevar pensadas posibles respuestas a preguntas típicas. Es una fase decisiva.

Evidentemente, estas fases varían entre los diferentes despachos. Muchos de ellos tendrán menos fases o alguna de las propuestas estará reemplazada por otra variante. Pero el objetivo que pretenderán conseguir será el mismo que he intentado transmitiros. De hecho, como os iréis dando cuenta, muchas veces el tipo de proceso de selección es un reflejo de la política del despacho, lo cual te ayudará a decidir a ti también con cuál de todos te sientes más cómodo e identificado.

Una vez que has realizado alguna de las fases o, en el mejor de los casos, completado el proceso de selección, tanto para una respuesta positiva como negativa, siempre se pondrán en contacto contigo para comunicártelo. En este sentido recomiendo tranquilidad, sabes que la respuesta llegará y mostrar ansiedad no favorece a nadie.

Por eso, aún a sabiendas de que la parte teórica es importante, creo que lo más valioso que puedo ofreceros es una decena de recomendaciones que he ido aprendiendo, tanto en estos procesos como a lo largo de mi vida, y que para mí tienen una aplicación práctica sin parangón. ¡Allá van, dadles buen uso!

Mi decálogo particular para hacer frente a un proceso de selección
  1. ACTITUD. Nadie se vende solo con un brillante CV. Tu simpatía, empeño e interés se muestran en el cara a cara. Te aseguro que será el 70% mínimo que condicionará la decisión del socio que tengas enfrente.
  2. NOTA MEDIA DE NOTABLE. No vamos a engañar a nadie. Para acceder a los despachos de abogados de primera línea siempre van a pedirte en primer lugar un 7 mínimo de nota media de la carrera para que puedas optar a dejar tu CV.
  3. CONOCE LA FIRMA. Siempre se juega con ventaja en un entorno conocido. Actualmente las páginas web de los despachos tienen una descripción exhaustiva de los valores profesionales que promulgan, la historia del despacho y el abanico de principios que buscan en los potenciales abogados que entren a trabajar con ellos.
  4. RECOPILA TESTIMONIOS DE FORMA PREVIA. Es un punto complementario al anterior. No hay nada como un buen consejo de alguien que ya haya pasado por lo mismo a lo que tú quieres optar. Para mí fue de los testimonios más útiles y agradecí haber hecho esa llamada previa. Pregunta cada tipo de prueba, si hay alguna forma de preparar las preguntas, etc.
  5. CONOCE TUS PUNTOS FUERTES Y DEBILIDADES. Antes de asistir a cualquier entrevista de trabajo, no solo de un gran despacho, deberías saber cómo definirte a ti mismo. Varios adjetivos positivos y varios negativos. No se te olvide tener una buena argumentación posterior que respalde por qué esos son los conceptos que te definen.
  6. ES PREFERIBLE EL SILENCIO AL ERROR. Las preguntas son el arma de los despachos, te preguntarán desde las típicas de tu vida cotidiana hasta en qué valor se sitúa la prima de riesgo el mismo día de la entrevista. Las preguntas subjetivas sobre tu vida personal son más sencillas de enfrentar ya que tienes más margen para responder. Sin embargo, hay preguntas con una repuesta clara: ¿Cómo se llama el presidente de Bankia? ¿Cuál es la capital de Islandia? ¿A qué partido pertenece el presidente de EEUU? Este tipo de preguntas o te las sabes o no. Si es el primer caso, adelante, contesta sin miedo y seguridad. Pero si en ese momento de tensión te tiemblan las cifras o los nombres, es preferible sacar la humildad a relucir y confesar a tu interlocutor que no te lo sabes o que no te sale en ese momento por los nervios. En las entrevistas no es el momento de apostar a la ruleta a ver si suena la campana, ya que en ciertos casos un intento fallido puede resultar una barbaridad que impresione al interlocutor. Y de forma muy negativa.
  7. BUENA PRESENCIA. Deberás cuidar tu imagen. No solo hago referencia a las prendas de vestir, que suele ser más difícil equivocarse con eso, sino a otros matices más sutiles. Un peinado apropiado y discreto, las uñas cuidadas, ningún tatuaje o piercing que pueda verse a simple vista. No debe olvidarse tampoco la formalidad a la hora de presentar el formato del CV, será lo primero que les entre por los ojos.
  8. PUNTUALIDAD. Dice mucho de la seriedad con la que vayas a tomarte el puesto al que deseas acceder. El tópico de “primera impresión solo hay una” es totalmente cierto. Sal de casa con tiempo, aparte te ayudará a ir relajado y llegar sin el pelo alborotado de haber tenido que echar una carrera en el último minuto.
  9. LA EDUCACIÓN NO DEBE FALTAR JAMÁS. Muchas veces en las entrevistas te verás en situaciones comprometidas o a las cuales te resulte difícil responder. Tanto si es por desconocimiento de la respuesta o porque te resulta demasiado comprometida, no desesperes, respira hondo y piensa. En cualquiera de los casos, la educación siempre es la vía de escape: “Si es tan amable, ¿podría reformularme la pregunta?”; “¿Podría disponer de unos segundos para pensar?”; “Lo siento, pero considero que la respuesta a dicha pregunta no interferirá en mi buen hacer en este despacho”.
  10. NO TE OLVIDES DE PREGUNTAR TÚ. Está claro que eres tú el que demandas el puesto dentro del gran despacho, sin embargo, ellos buscan iniciativa. Les resulta muy interesante que alguien se moleste en preguntarles cosas tales como la distribución de los departamentos o cuál es la evolución en la carrera dentro de la firma. Al fin y al cabo, se trata de un acuerdo bilateral, ambas partes deben de estar conformes con lo que se quedan y venderse al contrario si existe un interés mutuo.

Como podréis suponer, estas claves no son únicas y hay muchas otras que podrían añadirse a esta lista. Se aprenden con la experiencia, que es la única que aporta esa garantía de no tropezarse dos veces con la misma piedra. Sin embargo, creo que os serán de utilidad.

Después de estas líneas, solo me queda esperar que lo que para mí fue incertidumbre en su momento, se convierta en una base de seguridad un poquito más sólida para los prometedores abogados que aún están en las aulas. Inevitablemente me doy cuenta de que he crecido en el camino, me he ilusionado con las oportunidades que se me han presentado y también me he desencantado con algunas ideas preconcebidas.

Si tuviera que escoger una lección ejemplar diría que actualmente tengo la profunda convicción de que por mucho que fuerces las cosas, si no tienen que salir no van a salir, por la razón que sea. Es igual de difícil forzar lo imposible como retrasar lo inevitable. El mundo del ejercicio de la abogacía constituye una profesión maravillosa, pero ni es la única, ni es perfecta. Puede ser que no sea tu camino, que lo intentes y no seas seleccionado. Ahí está la gracia, ahora tenemos edad de probar, de sopesar todas las opciones, de saber qué se nos ofrece. El momento de recién graduado te brida esa oportunidad. Poder ejercer en un despacho internacional o nacional de primera línea es una oportunidad perfecta para ver de primera mano los grandes casos que normalmente leemos en los periódicos. Es una profesión sacrificada y te roba muchas horas de tu día (y de sueño) pero deberás ponerlo en una balanza con la satisfacción que te aporta el reconocimiento del trabajo bien hecho.

Un trabajo que te forma como persona, te brinda nuevas metas de forma diaria, es dinámico y te obliga a estar con la cabeza activa de forma continua. No es una opción modelada para una gran mayoría. De hecho, son pocos los que están dispuestos a seguir un ritmo tan exigente, pero si decides seguir este camino, es muy probable que ames tu profesión y, te lo aseguro, eso es un gran privilegio.

Ana Gil Gómez

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