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Humor por Decreto-Ley

José Antonio León

@vistadpajaro 

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Se oyen cantos de alegría que salen de mi más profundo interior. Me pregunto si alguno de los lectores alcanzará a oírlos. Y me cuesta escribir. Siento que voy tirando de mí porque no consigo concentrarme, no consigo abarcar el sentido último de este empeño, el que lo podría legitimar jurídicamente. Ya sé que solo soy el narrador, pero la experiencia está concebida para que sea yo quien la cuente, la voz elegida, y me siento comprometido con ella y obligado a compartirla. Si me atrevo, por tanto, hablaré con vosotros, pues creo que puedo permitírmelo para que quien me lea, me reconozca. De esta manera, os traigo un relato íntimo, poco distante de lo que realmente me sucede, o te sucede. 

Fui invadido por un imperio, de nombre por todos conocido; llamémosle humor, que se extiende sobre mí como lo hace el miedo en una guerra, pero con final feliz. Ya os adelanto que estas líneas que siguen, este fondo ucrónico en el que se narra cómo se puede resurgir de las cenizas de lo rutinario, se plasman gracias a la vinculación de lo emocional con los “meros” compañeros. Y como esas cosas del azar, de la fortuna, o de la pura coincidencia aparentemente preparada, un día cualquiera, porque nada importa ahora la fecha exacta, entré por vez primera en ese despacho… y el mito, por suerte, se rompió. Esa sensibilidad y esa capacidad para percibir emocionalmente lo que te rodea, que en principio puede parecer inerte, me cautivan a raíz del contacto sereno que tuve con los compañeros, abogados. Estos últimos, encorbatados, reservados, prudentes, exigentes, sobrios, discretos, rectos, secos y, por la cuenta que les traen y por extensión, estudiosos, tienen el humor por condena. Fue entonces cuando enjuicié aquellos años perdidos donde la presencia de la muerte estuvo muy cerca. Gracias a ellos logré esquivar el golpe de guadaña que quiso asestarme por desconocer que la abogacía también puede estar predispuesta al medicamento de la risa. Fue acertado saber de la ironía, de la sal y de la chispa en el trabajo, en cada caso y en cada expediente. 

Los bufetes, quizás por casualidad, quizá no, son los primeros escenarios donde se narra el conflicto del que podríamos llamar individuo naciente, con un todo real, o un todo social, que se le opone y que finalmente se convierte en la derrota o no de este protagonista. Eso no cambia. Tampoco lo hace que bajo lo cotidiano subyace lo inquietante. Lo perturbador no está en los objetos, o exclusivamente en los hechos, sino en la mirada. Si sabemos ver, todo es emocionante y todo puede ser estresante y agotador con la sola conexión con el cliente. Benditas relaciones interpersonales que a golpe de intuición tenemos que estar continuamente explorando.  

Pues en ese contexto viene el caso. Dicen que los abogados del futuro, los ahora jóvenes, necesitan potenciar su creatividad. Pero yo pienso que el abogado debe ser siempre joven, cuanto menos de espíritu. Que apelen al humor porque, si no lo hacen, están sentenciados. Que entrar al despacho sea llegar a tu CASA., es decir: que despierte tu curiosidad, tu admiración por el compañero, que reine la seguridad y sobre todo, que impere la alegría.

Sí, un momento, por favor. Disculpad. Prestemos atención, señores, que el humor es una cosa muy seria. Ser abogado no puede ni debe ser sinónimo de seriedad. El mejor aliado para un escrito tintado de solemnidad y mesura es un ambiente de trabajo risueño, jocoso, vigoroso en cuanto a lo humano. No soy notario, pero puedo dar fe de ello. Sin ese requisito no hay quien gane. La responsabilidad del caso con la que carga el jurista ya es suficiente, y no puede nublar el genio que llevas dentro, pues de él dependerá tu éxito. ¿Acaso no es la emoción la que decide y la razón la que justifica? Te invito a que hagas de tu despacho tu propio acuartelamiento, donde la gracia y el salero sean tus rehenes perpetuos. Y demuestra que el ingenio es muy compatible con un trabajo en búsqueda del lenguaje preciso y depurado, con la valoración de que tan importante es lo que se dice como lo que se calla, lo que se sugiere o lo que se intuye de una lectura comprensiva. 

Así que ríanse, ríanse de vosotros mismos, mas háganlo también de los retos del sector legal en España, que son muy simples. Las nuevas tecnologías no desactivan la presión y el estrés, pero el humor, sin emplear baterías de litio ni tarjetas extraíbles, sí gestiona los conflictos. No te preocupes, que ya te obligarán a adquirir un flamante teléfono o a renovar tu equipo, porque tarde o temprano las tendencias informáticas terminan imponiéndose. Lo que sí se necesita es una organización que invierta en inteligencia emocional. La historia es testigo y puede corroborarlo. De hecho, ayer nos dejábamos los dedos en antiguas y pesadas máquinas de escribir, hoy lo hacemos en ágiles procesadores de texto y en un sistema LEXNET que todavía no lo es tanto, pero… ¿y mañana? 

Mañana pan y aceite, como siempre, pero humor… humor y risa que no falten. 

I CONCURSO NUEVOS JURISTAS SOBRE “LOS RETOS DEL SECTOR LEGAL EN ESPAÑA”

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