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El futuro legal de los bots

Sebastián Sáenz Santa María

@Sebas_s_s 

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Suena el timbre que indica el final de la clase. ¡Al fin!

Siendo sinceros, esta asignatura de filosofía del derecho es interesante pero el profe es muy aburrido. Garrido es uno de los pocos profesores no bots que quedan: ¿quién mejor que un humano para hablar de filosofía e historia del derecho? En cambio mañana tengo examen de programación jurídica y, aquí sí, el profesor es un bot.

Me quito mi neurosensor de realidad virtual, algo así como un casco con sensores y cables. Como por arte de magia dejo de estar virtualmente presente en un aula de la Universidad de Navarra para volver a mi piso en Barcelona.

Estoy aburrido, así que mejor me voy a dar una vuelta. Antes de salir busco mis e-Eyes (unas lentillas electrónicas), no es que las necesite, nadie tiene ya problemas de vista, pero todos llevamos unas, son indispensables hoy en día. Son finas, transparentes y muy resistentes. Están hechas de grafeno y no se qué más, y con ellas puedes hacerlo absolutamente casi todo. Salgo de casa mientras pongo desde mi gearwatch el modo AFH (Away From Home) y así con un solo dedo apago toda mi casa salvo los electrodomésticos y periféricos que yo quiera que sigan ejecutándose.

Camino calle abajo hasta que empieza a vibrarme el reloj. Resulta que veo en mis lentes que Joan está en el FabBar de la esquina. Debe estar muy aburrido y por eso tiene el modo de localización visible. Me acerco a saludarle y de paso me tomo una cerveza con él mientras hablamos de cualquier tontería.

Joan es ingeniero y quiere especializarse en la Peer Economy. Durante años el sistema económico era el capitalismo, luego dejó paso a la economía colaborativa que ha acabado por convertirse en la peer economy, basado en el sistema P2P.

Yo en cambio estudio derecho porque quiero ser un jurista especializado en inteligencia artificial. Sí, digo bien cuando hablo de jurista y no abogado, y es que estos hace años que dejaron de existir como tal y han pasado a convertirse en una mera figura que se estudia en historia del derecho, algo así como los pretores romanos. Ahora hay juristas, gente especializada en leyes y que sabe un poco de todo. En mi caso me he centrado en la programación y los bots. Me fascina pensar cómo ha cambiado el mundo gracias a ellos. Hace ya muchos años que aparecieron las primeros IA, programas de ordenador inteligentes pero dependientes siempre de la voluntad humana (creo que tenían miedo a dejarlos completamente libres) y que realizaban ciertas tareas para comodidad de las personas. En vista del éxito, se les fueron delegando más y más tareas y se crearon IAs más inteligentes y sofisticadas, hasta que llegó el día en que se les dio plena autonomía. Fue un proceso de décadas y cargado de mucha polémica ya que habían muchas personas y asociaciones en contra de este progreso. Dejando de lado revoluciones sociales, como la reaparición del ludismo por parte de empleados furiosos, hay que confesar que aquel paso fue un gran avance. No obstante, supuso un reto a nivel legal y es que cuando las IAs pasaron a ser autodependientes esto genero muchos problemas jurídicos puesto que no eran sujetos del derecho. ¿Qué es una IA, un bien semoviente? ¿Quién debía responder ante las acciones infractoras realizadas por una IA? ¿Su programador o su propietario? Eso sin contar que todas las leyes están redactadas pensando en personas ("el que matare a otro", "consentimiento de las personas", "capacidad jurídica de las personas físicas"). Todo esto llevó a un caos social y jurídico bestial, ya que en un mundo donde todo está conectado a internet, una inteligencia que vive en la red puede campar a sus anchas y hacer lo que quiera, así que los bots podían cometer delitos de todo tipo y salir impunes por este vacío legal.

Esta situación dio un giro copernicano cuando el 17 de abril del 2030 la ONU declaró que una IA podría ser sujeto de derechos (día mundial de la independencia robótica). Así una IA, si cumple unos requisitos, pasa a ser bot y por tanto tendrá algunos derechos y obligaciones. Así es como unas líneas de programación pasan a ser consideras casi personas (se creó esta nueva categoría sui generis). Al poco se firmó el Convenio de Seúl para la creación del Consejo de Asimov, órgano político y jurídico encargado de la regulación de todo lo concerniente a los bots y las IAs.

Este consejo elaboró normas y leyes de aplicación directa en todos los países del mundo, regulando derechos y obligaciones, requisitos que debe cumplir una IA para ser bot o qué limites se pone a la programación de las IAs y los bots. El primer texto legal que elaboró el Consejo fue la Declaración Universal de Derechos Robóticos, donde por ejemplo se establece en su artículo 1 que "Todos los bots se crean independientes e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia artificial, deben comportarse fraternalmente tanto los unos con los otros como con los humanos." y en el artículo 2: "Todo bot tiene derecho a ser reconocido bajo una personalidad digital, sin discriminación alguna por su condición de bot […]".

Por supuesto, salieron muchos movimientos y lobbies en contra de esta evolución de la robótica, y en muchos ámbitos distintos, como en la cultura, la antropología o incluso la lengua, ya que algunos idiomas (el español) no tienen una estructura donde haya un pronombre personal neutro (el inglés o el alemán) y se basan en géneros, por lo que se hace difícil hablar de bots o "cosas".

Hoy día hay muchas empresas llevadas por bots, ¡incluso smart cities!

Y es que todo el mundo tiene bots a su servicio (hasta los mismos bots). Pero si hay que destacar un bot, ese sería el llamado Ángel Guardian, encargado de gestionar todos tus datos personales que circulan por la red. Constantemente busca datos de todo tipo y los borra o almacena en mi PDC (Personal Data Cloud), una nube donde sea guardan todos mis datos personales; así yo mismo gestiono qué quiero que se difunda en la red o quién (empresa, administración, persona o bot) tiene acceso a todo o parte de mis datos personales. Todo lo que hago, divulgo, compro o lugar que visito queda registrado en algún lugar de la red y mi ángel guardian lo recopila y me lo devuelve. Esta fue la solución a la problemática del descontrol de los datos personales, que llevó a una crisis mundial en el año 2020: había por la red infinidad de datos personales de muchas personas, vagando a la deriva sin control, dejando desprotegidos a los titulares. Así que empezaron a salir métodos para controlar esos datos a voluntad de su titular, siendo él quien da acceso al resto de agentes.

¡Pero qué tarde es! Mucho avance tecnológico pero, ¡aún no se ha inventado una máquina del tiempo o el teletransporte! Vuelvo a casa corriendo, que empieza "el clásico" de los e-sports: humanos vs bots.

I CONCURSO NUEVOS JURISTAS SOBRE “LOS RETOS DEL SECTOR LEGAL EN ESPAÑA”

nuevosjuristas.com

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