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Debe de haber algo más

Ana Belén Abril

@AB_abril

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“Debe de haber algo más”, pensaba una joven jurista cualquiera, cuya única posesión que consideraba de valor era tener la carrera de Derecho y las ganas tanto de buscarse un hueco como de poder demostrar lo mejor de sí misma en esta disciplina.

Toparse con un despacho de abogados que te abra las puertas y te dé la oportunidad de trabajar es toda una suerte. Podría ser algo así como si pasara un tren en marcha, empezaras a correr detrás de él y lograras colarte por la rendija de una puerta que se ha quedado sin cerrar. ¿Hacia dónde se dirige ese tren? No lo sabes, pero solamente quieres estar ahí. Da igual lo lleno que esté de gente o lo antiguo o incómodo que sea. Haber logrado entrar es toda una suerte.

“Pero debe de haber algo más”, vuelve a pensar la joven jurista. “Las cosas no pueden reducirse a lo que nos han dicho que son y conformarnos sin más, sino que se puede aportar algo más”. La gente ya no quiere viajar en incómodos trenes, sino que prefiere la comodidad de sus coches o la rapidez de un tren de alta velocidad o de un avión. Incluso hay quien ha viajado a la Luna. Extrapolando esta idea al mundo del Derecho, no significa que los abogados tengan que viajar al espacio (al menos no todavía). Pero se pueden proporcionar a los clientes servicios de manera más moderna y eficiente. Llevándolo a otros campos más cotidianos, la gente ahora puede pedir comida utilizando su smartphone, puede elegir sus vacaciones y la mejor forma de viajar a golpe de clic, e incluso pueden ligar y encontrar pareja por internet. Hay sectores que han evolucionado, pero el Derecho es todavía un tren antiguo que lucha por modernizarse. “Necesitamos un tren que nos lleve más lejos, más rápido y que sea más cómodo y más barato a ser posible. ¡Ah, y que pueda acoger a mucha gente!”. Vuelve a pensar la joven jurista.

Así pues, el gran reto del sector legal va a consistir en la internacionalización de los despachos y en acoger el impulso tecnológico para aprovechar ambos como herramientas infalibles.

Proveer servicios en cualquier parte del mundo es algo que solamente podría realizar un “superdespacho”, nada para un despacho “normal”. Pero, ¿por qué no podría un despacho tener colaboradores en puntos concretos de ciudades o países donde suministrar sus servicios? Ya no parecería algo tan descabellado. Aprovechar la globalización es un presente en otros sectores y un privilegio en manos de grandes proveedores de servicios jurídicos pero también es algo que puede aprender a hacer cualquier modesto despacho.

El otro gran reto al que se enfrenta el sector jurídico es la irrupción de la tecnología que avanza imparable.

En este sentido, los profesionales del derecho van a tener que aprender a trabajar y colaborar con los profesionales de otros sectores, y más necesariamente, van a tener que trabajar conjuntamente con programadores e informáticos y crear juntos programas que serán las futuras herramientas de trabajo de los abogados.

“Crear las herramientas de trabajo del futuro. Suena bien”. Piensa nuestra amiga.

Hasta ahora, los despachos han ido aprendiendo paulatinamente a comunicar, a anunciarse mejor, a utilizar el marketing digital, a usar internet como un inmenso escaparate para mostrar sus servicios. Es un paso en la buena dirección. También hay que decir que aún quedan algunos abogados reacios o escépticos a toda esta revolución digital.

Pero debemos ir un poco más lejos cada vez y en la dirección correcta, si es posible. Como ya he dicho antes, los abogados tendrán que colaborar con profesionales de la informática para crear las herramientas de trabajo del futuro. Programas informáticos que les permitan ofrecer mejores servicios a sus clientes.

Podríamos visualizar un programa informático que ofrezca la posibilidad de mostrar en forma de esquema de fácil comprensión para los clientes, los casos que nos presentan. Sería algo como una demostración en forma de esquema visual que muestra cómo puede desarrollarse la estrategia de un determinado caso y la exposición de diferentes alternativas e hipótesis. Así el cliente puede ver y entender mejor su caso e incluso podría escoger él mismo lo que mejor le convendría, bajo la sugerencia y asesoramiento del abogado. Podríamos visualizar todo tipo de programas que serían una transformación del futuro. Todo comienza con una idea.

La revolución tecnológica también podría contemplar la creación de programas y aplicaciones donde la gente pueda realizar sencillas gestiones por ellos mismos, como por ejemplo descargar un contrato, documento, ver qué pasos tienen que seguir para realizar cualquier trámite con la administración, ver en qué estado se encuentra su procedimiento judicial, la resolución de pequeños conflictos o ayuda con el papeleo. Es decir, facilitar a las personas un servicio que les brinde la posibilidad de que ellos mismos puedan efectuar sus propias gestiones.

La suma de abogado más programador puede ser igual a garantía de éxito y ambos deberán investigar qué pueden crear para innovar, porque la clave se llama innovación.

Por otro lado, el abogado del futuro tendrá que poner su punto de mira en los sectores punteros, entenderlos, saber cómo funcionan y ver cómo puede contribuir para solventar sus problemas. En esta misma línea, se presentan las startups, como laboratorios donde pueden surgir las ideas más brillantes y disruptivas. Fijémonos en las startups, acojámoslas y ayudémoslas. Veamos qué tipo de asistencia necesitan durante su desarrollo y otorguémosles buenos servicios. ¿Acaso no podrían servir los abogados como intermediarios entre instituciones y empresarios? Estas empresas pueden ser el futuro de nuestra sociedad ya que pueden hacer grandes avances.

Esto desemboca en otro importante escollo: la formación. Para ser buenos abogados es esencial una buena formación. Y habrá que buscar entre todos soluciones para mejorar la formación de los jóvenes que pretenden ser los abogados del futuro. Como nuestra amiga. Las Universidades deben avanzar al mismo ritmo que avanza la sociedad y los sectores punteros y no quedar estáticas en el tiempo. Los profesores deben saber qué hay ahí fuera para enseñarlo dentro de las aulas y gran protagonismo lo tienen que tener también los despachos, tanto a la hora de asesorar sobre cómo se va moviendo el sector, como para facilitar la formación práctica y la inserción de los graduados. Podrían ser la mejor “fabrica de abogados”.

Como en toda revolución, el pez grande se acaba comiendo al pequeño. Serán los grandes despachos los que lleven la bandera de la innovación y los pequeños pueden perderse por el camino. Pero los peces pequeños pueden ser listos y agruparse con otros peces pequeños. De ahí la propuesta de que pequeñas firmas se unan para crear otras más grandes para competir en un sector que se plantea muy dinámico e inestable.

Ante toda esta vorágine que nos plantea el futuro del sector jurídico, todos podemos contribuir con nuestras ideas para superar este reto, pero en definitiva, no habrá mayor reto que ponerse en los zapatos de la gente y mirar el sector desde su perspectiva para saber qué quieren.

El tren sigue su marcha…

I CONCURSO NUEVOS JURISTAS SOBRE “LOS RETOS DEL SECTOR LEGAL EN ESPAÑA”

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